7 de julio de 2011

El circo como polo de discusión

Nota en Página/12. Jueves, 7 de julio de 2011
Quinientos artistas expresaron “disconformidad” con el programa Polo Circo. 
Por Facundo Gari

En una carta los artistas aseguran que, en la práctica, sólo acceden al programa los alumnos de dos instituciones educativas. 




Uno de los reclamos es que la programación del Polo Circo no se hace por convocatoria pública.

Unos 500 artistas de las artes circenses presentaron una carta en el Ministerio de Cultura porteño en la que manifiestan su “disconformidad” con la aplicación del programa Buenos Aires Polo Circo. En el documento dirigido a Hernán Lombardi, titular de esa cartera, acróbatas, actores y otros profesionales del rubro denuncian que la iniciativa, anclada físicamente en el predio de Garay y Combate de los Pozos, “parece haberse convertido en un espacio de uso privado con financiamiento público”. Según la carta, la aplicación del programa no concreta lo que la resolución que le dio origen hace casi tres años pondera como el reflejo “de las diversas manifestaciones culturales existentes en el ámbito público” y la consecuente integración de los “distintos sectores socioculturales” de la comunidad porteña. Al contrario, “en la práctica, durante todo el año sólo acceden los alumnos de la escuela El Coreto y de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref)”, dice el manuscrito, que además implica que ambas instituciones de aprendizaje están vinculadas con la directora del Polo Circo, Gabriela Ricardes (de la primera, es titular y cofundadora; en la segunda, coordina la aún novedosa carrera Artes del Circo, a través de una alianza entre El Coreto y esa casa de estudios). Ella, por su parte, desmintió las inculpaciones: “El Coreto estuvo programado sólo en el primer Festival Internacional de Circo, en reemplazo de una compañía que no se presentó. Y la Untref y la Universidad Nacional de San Martín (que ofrece una Diplomatura en Artes Circenses en su campus) siempre van a estar programadas porque son las escuelas de formación superior públicas y gratuitas, únicas en la Argentina; el Polo tiene por misión la articulación con ellas”.

Durante la tercera edición del mayor encuentro internacional circense de la Argentina, que se desarrolló del 28 de abril al 9 de mayo en el predio porteño, quince elencos participaron con sus espectáculos: de dieciséis, nueve fueron foráneos (seis franceses) y siete vernáculos (uno de la Untref y uno de la Unsam en conjunto con la compañía La Arena; todos éstos con entradas gratuitas para fomentar la asistencia). Pero Cecilia Martinese, de La Caravana y referente del grupo de realizadores que hicieron la presentación, anotó en diálogo con Página/12 una apreciación más: “El Coreto está siempre ahí, ensaya sus espectáculos y los presenta. Por eso decimos que el lugar se usa de forma privada. Ricardes es la directora y se beneficia un poco, pero esto ya es un abuso porque, en el último festival, su escuela hizo diez funciones mientras el resto, una cada uno”. En rigor, El Coreto no figuró en la programación. Martinese se refirió a la pieza Casual, “conjunción de músicos y artistas de circo”, como se ofreció en agenda, compuesta por varios intérpretes de la escuela de Ricardes y dirigida por Mario Pérez, codirector del mismo espacio artístico-educativo.

Con respecto al grueso del reclamo, es decir la ausencia de instancias de “participación y difusión”, Ricardes sostuvo ante Página/12 que “el Polo es un espacio de programación permanente y está abierto a todas las propuestas que lleguen”. Si bien concedió que no realiza convocatorias para la configuración de la programación tanto eventual como del festival internacional que se desarrolla desde mayo de 2009 (más precisamente, desde la publicación de la Resolución Nº 423 - MCGC/09, que inaugura el programa desde el Boletín Oficial de la Ciudad de Buenos Aires), subrayó que “en general, fue programada cada propuesta que se presentó; así, con muchísimas compañías argentinas”. Este aspecto parece claro: hasta ahora, no ha habido llamados abiertos para que las compañías interesadas presenten sus propuestas y, en cambio, el Polo Circo aguarda que se las acerquen al predio. “Está abierto de 9 a 20, mi celular lo tiene todo el mundo y estoy acá siempre: simplemente hay que venir y charlar”, resumió la coordinadora del programa.

Empero, lo que piden los artistas es que eso cambie, que sí se realicen convocatorias (sobre todo para los festivales) y que sean difundidas por canales masivos o potencialmente visibles a la comunidad de productores circenses, especialmente los independientes (muchos de los cuales cuentan con medios profesionales “precarios”), para que la selección sea más transparente y participativa. Es que en la actualidad, el Polo Circo tiene una estructura centralizada que recae mayormente sobre Ricardes, responsable (junto a un “equipo de asesores”) de determinar qué propuestas cumplen con los requisitos para presentarse en las carpas levantadas con el erario porteño. Los espectáculos “tienen que ser interesantes y pertinentes, se deben poder sostener en el tiempo y sus compañías deben poseer personería jurídica”, enumeró. Y reprochó que “en lugar de esta carta, hubiera sido más fácil presentar una propuesta; hubiera sido una acción para construir”.

Hasta ahora, el Polo Circo “ha recibido muy pocas propuestas, y fueron viabilizadas –sostuvo además–. No hay un momento, como en cualquier teatro público; acá te presentás cuando querés, sin llamados. Siempre estamos con ganas de recibir propuestas”. Sin embargo, los casi 500 artistas que firmaron la carta (entre los que se cuentan miembros de las compañías Circo Criollo, Redes Club de Circo, Circo del Aire y Espacio Zero) no lo perciben igual. Difundida recientemente pero presentada a mediados del mes pasado, tanto en el Ministerio de Cultura porteño como en la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, la Embajada de Francia y el Polo Circo, la epístola exige “que se abra a concurso de propuestas el festival (...) y el ‘apoyo a la creación’, parte fundamental que aún no se ha puesto en marcha”; que “se realicen las convocatorias pertinentes para los diferentes apoyos ofrecidos dentro del programa”, entre ellos “residencias de producción y de investigación”; que “la evaluación y selección final (...) se realice por medio de un jurado de jerarquía, cuyos miembros no estén involucrados directamente en los proyectos presentados”; y que “se abra una convocatoria para ocupar los cargos de docentes de circo”. “Con Gabriela tenemos diálogo –concedió Martinese–, pero la respuesta nunca fue convincente y las cosas no cambian. Optamos por la carta porque queremos hacer una queja formal, acentuar el reclamo. Si después aparece una instancia de diálogo, buenísimo.”

–¿Temen que este reclamo sea etiquetado como oportunista por la proximidad de las elecciones porteñas?

Cecilia Martinese: –No fue pensado por ahí. Nos juntamos, concretamente, para esto. Vimos la programación del festival de mayo, para el que no se hizo convocatoria, y empezamos a hablar entre colegas. Así apareció la queja. En sí, el programa está buenísimo, porque en el circo no tenemos un Instituto Nacional del Teatro ni un Prodanza. Estamos más solos y desprotegidos. Para muchos espectáculos circenses es muy difícil encontrar un espacio que reúna las condiciones técnicas necesarias. Las salas de teatro quedan chicas y los galpones no suelen estar habilitados. Una ley de un tiempo atrás prohíbe las carpas en la ciudad, por eso los circos tradicionales funcionan fuera de Capital. Las carpas del Polo hacen que todos los artistas de circo porteños podamos trabajar y que la gente pueda acceder a vernos a un costo accesible. Con esto de que no se da lugar, parece que lo que hay de nuevo circo viene de Francia y que otro no hay.